Ni PP ni PSOE quieren reformar el reglamento del Congreso

Esta es la realidad. Ninguno de los partidos políticos que ostenta y ha ostentado la mayoría en el Congreso de los Diputados, ni Partido Popular ni partido socialista, tiene una voluntad real de reformar el reglamento, es decir, las normas por las que se rige la Cámara, vigentes desde 1982. Esto hace que tengamos un órgano legislativo anacrónico y alejado de la ciudadanía, para la que en teoría trabajan los diputados.

Lectura de un Proyecto de Ley en el Salón de Sesiones, 1908

Lectura de un Proyecto de Ley en el Salón de Sesiones, 1908. Imagen: congreso.es

El último intento de modernizar la norma se rompió este miércoles por la tarde. Después de estar desde diciembre sin reunirse, los diputados implicados de la Comisión de reglamento se vieron y a la salida del encuentro se conoció que ya no seguirían sus trabajos por el desacuerdo entre los dos grandes partidos, PP y PSOE.

Portavoces de ambos, Arenales Serrano (PP) y Pablo Martín Peré (PSOE), se lanzaron acusaciones cruzadas echándose la culpa del freno en los trabajos.

Pero eso, a los ciudadanos, nos da igual. La realidad es que en más de tres años no han sido capaces de hacer la necesaria actualización del reglamento ni lo fueron en el pasado.

No han sido capaces y no han querido, porque ya han demostrado en ocasiones recientes que pueden llegar a acuerdos y actuar de forma inmediata, si no recordemos la imagen de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez firmando la reforma del Código Penal en materia de delitos de terrorismo y la reforma del artículo 135 de la Constitución, que pone un límite a la deuda.

El PSOE tampoco reformó el reglamento

En 2006 hubo otro anuncio que acabó en fracaso para cambiar las normas que rigen el Parlamento. El que fuera presidente de la Cámara, Manuel Marín, recibió el encargo del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de reformar el reglamento.

Esos cambios nunca vieron la luz. La excusa absurda que alegó el PSOE entonces fue que existía un obstáculo: el uso de las lenguas distintas al castellano en los debates del Congreso. Ahí quedó la intención.

La reforma es para los ciudadanos, no para los políticos

El Congreso de los Diputados es el órgano en el que reside la soberanía popular. Ese principio básico parece que no está en la cabeza de algunos políticos, ya que hemos oído hablar, por ejemplo, de dar más tiempo al líder de la oposición para hablar en los debates y también de dar más tiempo y más preguntas a la oposición en las sesiones de control al Gobierno. La mayoría, medidas que ponen parches a un alejado Parlamento.

¿Y qué se puede hacer para que el Congreso esté más cerca de la ciudadanía? Algunos ejemplos:

Agilización de los debates: en lugar de aumentar los tiempos de intervención, reducirlos a exposiciones más concisas, directas y con un lenguaje comprensible para cualquier ciudadano.

Replantear la sesión de control: esta sesión se ha convertido en un show mediático y guionizado que deja los procesos legislativos a un lado. Seguro que se puede controlar al Gobierno de una manera mucho más útil y efectiva, como la que lleva a cabo el Parlamento británico, que destina una hora a diario para que los diputados hagan preguntas espontáneas al Gobierno.

Involucrar a la ciudadanía en el proceso legislativo: abrir canales de comunicación para que la ciudadanía pueda hacer sugerencias de las leyes y que estas se tengan en cuenta e incorporen a los proyectos de ley. Aunque haya consultas previas a la sociedad civil en algunos anteproyectos, a la hora de introducir enmiendas los ciudadanos también podrían aportar.

Mejorar las peticiones: cuando un ciudadano envía una petición, que se examina en una comisión que existe al respecto, se esfuma. No se puede consultar, no se puede ir a defender al Congreso… Sería conveniente cambiar ese sistema siguiendo el ejemplo de otros parlamentos que expusimos en su día.

Que prospere alguna Iniciativa Legislativa Popular alguna vez: un sonado revés a la ciudadanía fue que la ILP contra los desahucios se rechazara en el trámite parlamentario cuando llegó respaldada con un millón y medio de firmas. Un éxito a medias fue la ILP de la fiesta los toros, que fue declarada Patrimonio Cultural en lugar de Bien de de Interés Cultural (una figura de protección menor). La cuestión es: ninguna iniciativa ha llegado a aprobarse íntegra. ¿Para cuándo una ley popular de principio a fin?

Para saber más:
El reglamento del Congreso, 33 años sin pasar de pantalla
Las propuestas de Qué hacen para abrir el Congreso de los Diputados
La participación ciudadana en política, una anécdota en la legislación (I)
La participación ciudadana en política, una anécdota en la legislación (II)

Ciudadanía, Congreso, Iniciativas populares

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